martes, 14 de febrero de 2012


Editorial (1)


     Comenzaban,
los míos,
esta historia
en el mismo y tozudo
y propio instante
en que a bordo de un carro
con “dos yeguas”
dejaban Buenos Aires
rumbo al este...
...y afirmaban,
de nuevo,
que la causa
radicó en un “protesto”
por arriendos...

     El Zenón rienda en mano,
y sin descanso,
mantenía la marcha de los flacos
animales espumados
a chasquido de lengua 
y revoleo
de un arreador de ocho;
y revisando
palmo a palmo el camino
y sus cacharpas:
el carro;
los arreos
y a los suyos:
llevaba a su Emiliana en el pescante;
a los hijos sentados en las varas;
a lomo de ladero;
en la culata;
y otros más
rastrojeando chilca y bosta
para prender el fuego
en las paradas...

Un compadre
--decían--
les dió albergue:
¡Cuatro trancos de tierra,
contra un tala!
Donde pararon sauce
y paja brava...
metiendo “cuatro catres
y un brasero

     Después,
se hizo a la poda”;
“a la carpida”
“puso el lomo en el puerto
(la Emiliana de mientras
remendaba;
o lavaba
o planchaba
o trajinaba
de rodillas por pisos
o albañales;
y los hijos
juntaban y vendían
güeso;
fierro
y papel,
día por día).

     Pero todo
era escaso:
el jornal
y la sopa
y las fritangas;
y el descanso
y el mate...

¡Sólo estaba flotando
una promesa
desde ayer
que no llegaba...

     Entonces,
alguien trajo la oferta,
que hacía un saladero
de la Banda Oriental,
del otro lado...

     “A la orilla del río
 se mataba;
“entre el agua y la sangre derramada.
“A la orilla del río
se salaba:
entre el agua y la sangre coagulada.
“A la orilla del río
se comía:
“entre el agua; la sangre
y la resaca...”
“A la orilla del río
 se dormía:
entre el agua y la sangre rezagada...”

     Sus manos...
(me contaban.)
se cuartearon...
se abrieron en canales dolorosos
y la grasa...


Apenas lo aliviaba:
poco y nada...


Lo habló con Waldemar;
buscó a Peratta;
atrajeron a Irurtia
y fueron dando
avisos sigilosos,
necesarios;
intercambiando ideas;
pareceres;
aclarando consignas;
promoviendo
reuniones “en caliente
para llegar al paro
en un diciembre
reseco y sin respiro;
langosteado...

     Y el olor
a la carne abandonada
atrajo a los sablistas
que a caballo
pechaban
y tajeaban
y volteaban
la poca dignidad recuperada...
     Los más,
fueron  cayendo
de costado,
entre el agua y la sangre derramada...
sin trabajo
otra vez;
y nuevamente...

     Unos pocos...
volvieron a la playa,
bajo sospecha,
todos;
y al brillo del metal desenvainado...

     Zenón
se ató las manos:
tajeadas;
“agrietadas..
¡Carne viva.! ,
a las varas
de aquella carretilla claveteada
y puso bronca y puta en el enfile:
tozudeando equilibrio
en la planchada;
resbalando;
giposo;
tironeando
y cayendo en la sal
y en la astillada
madera que crujiendo
se partía.
quebrado en cuatro voces,
pero vivo...

     Cara al cielo
blancuzco de una sala
despertó:
¡Lejos del Gualeyán!”
y de los suyos...
     Debieron,
me decían,
regresarle
el gringo Waldemar;
el vasco Irurtia;
Recabalde
cayendo bajo el zaino;
la Emilina Taborda
con sus críos...

Debieron aquejarle,
suponían,
la mitad de su cuerpo triturado
y la otra mitad clamando alivio...

     ...Y así
debió extinguirse:
gipando;
dando voces;
avisos sigilosos;
promoviendo
reuniones “en caliente”...
negándose a vivir
como vivía;
negándose a morir
como moría...
…………………………………
(1)          Precaria


  
“agujero negro”(1)

Anoche,
he descubierto un agujero, negro, en mi zapato;
   ¡Otro más.!
   Antes,
debió agitarme alguna pizca de ladrillo,
   algo.
Por supuesto.
   A poco,
anduve recorriendo maneras y
caminos que me llevaran a arreglarlo.
   La capellada sigue buena,
pensaba,
y sigo recordando
lo que cobran por una media suela
y
lo que cuestan nuevos...

   Por la mañana
le agregué dos cartones morondanga.
y he marcado tarjeta,
a la hora en punto.
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(1)de Precaria